“Elegí vivir”, la historia de Paola Zeballos y su lucha contra el VIH

Paola Zeballos es periodista deportiva y fue detrás de un micrófono que conoció a la persona que la iba a marcar para siempre. El jamás le dijo que tenía VIH, desde joven se venía tratando pero lo ocultó siempre frente a ella, su novia. No bastó eso, sino que al engaño le siguió el contagio. Ahora Paola tenía que enfrentarse a un enorme desafío: vivir con VIH.

En 2001 y con 27 años tuvo que afrontar el descarnado momento en el que los análisis daban VIH positivo aún sin entender cómo podía haberse contagiado y qué consecuencias podía tener en su vida. Ya nada sería como antes.

“Desde hacía varias semanas me encontraba con gripe y obstáculos para respirar, además había bajado notablemente de peso (…) Día a día notaba que los síntomas aumentaban”, relata en su reciente libro. Fue así que primero fue internada en el Sanatorio Español y luego en el hospital Iturraspe con un estado de salud que se deterioraba rápidamente.

El diagnóstico lo recibió su madre y su hermano, ella fue la última en enterarse: “A mi mamá no le gustaron las preguntas que nos hicieron. Me preguntaban si fumaba, si tomaba, si era prostituta, si salía con varias personas. Yo en realidad no sabía por qué me preguntaban eso” recuerda en una charla con Miradas Holísticas.

Al poco tiempo supo que el contagio había sido a través de su expareja, quien le ocultó la enfermedad pese a estar bajo tratamiento desde los 18 años. Juicio de por medio, el desgaste fue tal que decidió abandonar ese proceso tribunalicio. Prefería ocuparse de su salud, de estar bien para ella y para su entorno.

El rostro de la muerte

Un viernes 13 comenzó a sentirse muy mal y sintió que ya no respiraba. Había tenido un paro cardiorrespiratorio. Agustín Erbetta le hizo las maniobras de resucitación. A partir de ahí su actitud frente a la enfermedad iba a ser otra totalmente distinta.

“Lo único que recordaba era que estaba dormida y una nube pasaba lentamente, desde mi cabeza hasta los pies, recorriendo todo mi cuerpo (…) Sólo tenía una pregunta que me daba vueltas en mi mente de manera insistente, reiterada, que taladraba mi cabeza. Una pregunta que debía contestar y enfrentar en ese momento: ¿elegía vivir con esta enfermedad y luchar contra todo, o bajar los brazos y dejarme morir?”

La respuesta internamente no tardó en llegar. Se aferró a la vida con las pocas fuerzas que tenía y decidió que iba a dar la gran batalla. “Elegí vivir”, repite Paola como un mantra.

“No sé cuánto tiempo estuve, no lo sé. Lo único que me enteré después cuando salí era que este doctor Agustín fue el que me resucitó, que entró un día a la pieza y me dice ‘mi pacientita querida’ y yo dije, ‘Señor, ¿quién es este tan simpático que me conoce?’ Y mi mamá me dijo quién era. Era el que había salvado mi vida. Después estando en casa vinieron a cobrarme de la casa de sepelios y el servicio estaba a mi nombre. Ahí mi mamá me tuvo que explicar que en ese momento de mi cuadro tan grave le dijeron que no pasaba la noche”, relata.

La llegada del amor y el volver a confiar

En 2005 la vida de Paola iba a dar un nuevo giro. Conoció a su compañero Matías, con quien se casó y formó una hermosa familia con sus siete perrhijos. El casamiento fue un antes y un después en la relación, cuenta ella: “Cada vez que yo estaba para abajo yo le decía que se buscara alguien más joven, que le pudiera dar un hijo y todas esas cosas. Pero cuando nos casamos me dijo ‘Basta, eso ya no va más”

“No tengo palabras para expresar lo que significa Matías para mí (…) Mati es para mí un hombre con una valentía y un coraje impresionante”, dice en su libro Paola. Hoy ambos esbozan una gran sonrisa viéndose juntos y recordando cómo fue el momento de decidir formalizar el vínculo.

Las charlas de concientización

Paola dio muchas charlas para concientizar sobre el VIH-SIDA, puso la voz y el cuerpo en cada espacio que le abría las puertas para que nadie tenga que pasar por lo que ella pasó: “Yo siempre digo con respecto a la enfermedad o como cierro las charlas es que uno se tiene que querer y tiene que querer al otro, respetar y respetar al otro. Eso para mí es lo esencial. No ocultar. No es fácil, pero no ocultar, porque te terminas haciendo daño a vos y daño a la persona que tenés al lado”, dice segura.

Un doctor conocido de Paola le escribió un mensaje al enterarse del libro. Este médico afronta un difícil momento en su salud y le aseguró: “Ojalá lo lea mucha gente porque les va a servir como me sirvió a mí”. Paola lo lee en voz alta y se quiebra. No puede disimular la emoción que le provoca el saber que su palabra es un faro para otros que no la están pasando bien.

“Yo lo hice con esa intención”, dice la mujer resiliente, sencilla y cálida que abre su corazón para que el dolor sane.

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